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La Reforma en Francia

Cuando se estudia la Reforma los países que más salen a relucir son: Alemania, Suiza e Inglaterra y con justa razón debido a la gran importancia de los hechos y los personajes que fueron usados por Dios en esas regiones. Sin embargo, las repercusiones del movimiento de Reforma tuvieron un impacto inmediato en toda Europa y en esta ocasión nos ocuparemos un poco acerca de Francia, uno de los países en los que los protestantes fueron severamente perseguidos pero cuya fidelidad y lealtad no deben ser olvidados.

Los Hugonotes

El término hugonotes es el antiguo nombre otorgado a los protestantes franceses de doctrina calvinista durante las guerras de religión. El término original francés «huguenot» es un término peyorativo usado para dar a entender que eran discípulos de “Hugon” un espíritu de las tinieblas, porque los protestantes sólo se reunían de noche.

El movimiento hugonote francés se remonta a la publicación en París de la obra de Jacques Lefèvre d’Étaples, en 1512, en la cual se enseñaba claramente la doctrina de la justificación por la sola fe. Se le unieron varios discípulos, como los teólogos Guillaume Farel, Jodocus Clichtove, Gérard Roussel, Nicolas Cop, Etienne Poncher y Michel d’Arande.

La reina Margarita de Navarra, hermana del rey Francisco I y abuela del futuro rey Enrique IV de Francia, les brindó su apoyo ante el rey y favoreció la expansión de las nuevas ideas en sus dominios. Francisco I, se mostraba relativamente tolerante hacia las nuevas ideas, pero se encontraba dividido entre complacer al papa y ganarse el apoyo de los príncipes luteranos germánicos.

Desde 1520, los escritos de Lutero se habían divulgado entre los eruditos de Francia y centenares de copias de sus libros se vendían en París, pero la facultad de teología de La Sorbona condenó sus escritos en 1521. A instigación de La Sorbona, y dotado por el papa León X de poderes especiales para la eliminación de la herejía, el Parlamento de París inició brutales medidas de represión en 1525, varios pensadores hugonotes fueron detenidos, torturados o quemados vivos y otros huyeron a Estrasburgo y a Suiza o buscaron protección en las regiones donde gobernaba Margarita de Navarra.

Tras el asunto de los pasquines (ver artículo sobre Calvino) en octubre de 1534, en el que miles de panfletos contra la misa católica fueron pegados en París, y hasta en la puerta de los aposentos del Rey, éste se inclinó hacia los católicos y adoptó una actitud francamente hostil hacia los reformistas, actitud que mantuvo hasta su muerte en 1547. En 1535 Juan Calvino, que había huido a Basilea, publicó su obra La Institución de la Religión Cristiana cuyo prefacio era dirigido al rey Francisco I de Francia, en busca de hacerle recapacitar.

Desde Ginebra, Calvino ayudó a organizar las comunidades reformadas de Francia. Sus discípulos instruidos en Ginebra regresaban a sus lugares de origen a fin de organizar las comunidades hugonotes. Ante la propagación de la Reforma se recrudeció la persecución. El sucesor de Francisco I, Enrique II de Francia, mantuvo la lucha contra la Reforma. En 1547 el Parlamento de París aprobó todas las medidas que se aplicaban a favor de los católicos. Se considera que esta alianza entre la Corona, La Sorbona y el Parlamento de París impidió que la Reforma se extendiera en Francia con el mismo éxito que en Inglaterra o en Alemania.

A pesar de las persecuciones, el protestantismo se introdujo en todas las provincias francesas. A partir de 1547 las comunidades empezaron a constituir iglesias, y la primera iglesia reformada fue establecida oficialmente en París en 1555. Sin embargo, la influencia de la Casa de Guisa, enemiga declarada de la Reforma, desató como respuesta, una política claramente represiva en contra de la ya respetada minoría protestante. Las familias hugonotes serían perseguidas por todos los medios por espacio de treinta años (1562 a 1594).
Un personaje que destacó entre los hugonotes fue el Conde Gaspard de Coligny, Almirante del ejército francés durante las Guerras de Italia, capturado por los italianos y que se convirtió al protestantismo estando en prisión. Al ser liberado se convirtió en uno de los dirigentes de los protestantes.

Los continuos abusos contra los protestantes los llevaron a formar milicias y hasta un ejército bajo Coligny para defenderse forzando al gobierno real a considerar necesaria la paz en 1570 y conceder a los protestantes lugares en el parlamento, cosa que disgustó severamente a los católicos. Para 1572, la influencia de los protestantes crecía en Francia al grado que los católicos, por instigación de la Reina madre, Catalina de Medici, conspiraron un plan para asesinar a Coligny, el plan fracasó en primera instancia y el rey Carlos IX acudió a visitar a Coligny y le prometió amparo. Fue entonces cuando se desencadenaron los acontecimientos de la noche del 23 de agosto de 1572, conocidos como matanza de San Bartolomé.

La noche del 23 de agosto, Catalina se entrevista con el rey para eliminar a los cabecillas protestantes, excepción hecha de los príncipes Enrique de Navarra y el príncipe de Condé. Poco después, las autoridades municipales de París fueron convocadas a palacio. Se les ordenó cerrar todas las puertas de la ciudad y proporcionar armas a los burgueses, a fin de prevenir cualquier tentativa de sublevación. A señal dada por las campanas de la iglesia de San Germán, próxima al palacio del Louvre y entonces iglesia parroquial de los reyes de Francia los nobles protestantes fueron expulsados del palacio del Louvre y masacrados en las calles. El almirante Coligny fue sacado por la fuerza de su lecho y arrojado a la calle por una ventana de palacio. Ya de madrugada, el pueblo empezó a perseguir a los protestantes por toda la ciudad. La matanza de miles de personas continuó durante varios días pese a las tentativas del rey por detenerla.

En las capitales de provincia se secundó la masacre. El 25 de agosto los asesinatos tuvieron lugar en Orleans y Meaux; el 26 en la Charité-sur-Loire; el 28 y 29 en Angers y Saumur; el 31 de agosto, en Lyon; el 11 de septiembre en Bourges; el 3 de octubre en Burdeos; etc. El número de muertos se estima en total en 3.000 en París y de 10.000 a 20.000 en toda Francia.

Tras estos hechos, el Papa acuñó una moneda conmemorativa celebrando la matanza. Es más, el papa Gregorio XIII, en cuanto supo la noticia, organizó un solemne Te Deum en la basílica de San Pedro y Felipe II de España demostró su satisfacción.

La situación continuó con persecución para los protestantes aunque en una medida menos drástica hasta 1685 cuando, Luis XIV de Francia, el Rey Sol, decide revocar el Edicto de Nantes y recurrió, entre otras iniciativas, a las dragonadas. Esta práctica represiva consistía en alojar a un grupo de dragones (soldados) en casa de una familia de hugonotes para obligarles a convertirse al catolicismo mediante vejaciones, torturas y el saqueo de sus pertenencias. Desde 1661, los hugonotes empezaron a emigrar y se calcula que emigraron unos 200.000 hugonotes a los Países Bajos, Suiza, Inglaterra, el Cabo y la América británica y sus descendientes contribuirían a la fundación de naciones modernas como Sudáfrica y los Estados Unidos de América.

Adaptado de “Historia de la Iglesia” por S. Vila, España.

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