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¿Por qué ocuparnos en la Reforma?

Para responder esta pregunta le propongo ir a los años 1800, a Londres, más específicamente con un predicador, Charles Spurgeon. A mí me gusta Spurgeon porque me ayuda con mis amigos de diferentes “islas” del cristianismo, o mejor dicho diferentes bancas. Spurgeon es grande para los Bautistas porque él era un predicador Bautista. Pero también es grande para los presbiterianos, y mis amigos Luteranos lo aman porque guarda semejanzas con Martín Lutero en el Siglo XIX. Así que, ahí lo tienen. Spurgeon manda.

Spurgeon pastoreó el “Tabernáculo Metropolitano”, una gran iglesia en un área muy grande de Londres conocida como “Elefante y Castillo”. Los londinenses se reunían para escuchar a Spurgeon predicar, incluso la gente viajaba desde los Estados Unidos para escuchar a Spurgeon. Él escribió muchos sermones y muchos libros, en uno de esos libros, Spurgeon dice algo que haríamos muy bien en escuchar. Viene del prefacio de su libro de Comentarios, un libro que escribió para convencer a los pastores de la necesidad de usar comentarios y de adentrarse en un estudio profundo para la preparación de sus sermones. Spurgeon sabía muy bien el valor de leer para predicar. Él personalmente tenía una biblioteca de 25,000 libros, que para esa época es una cantidad impresionante y lo que es más, él leyó la mayoría de ellos.

En el prefacio de su libro, él comenta sobre una objeción frecuente a usar comentarios o libros. La objeción que de vez en cuando se escucha es: “Como cristiano, yo tengo el Espíritu Santo y tengo su maravillosa obra de iluminación, no necesito libros o comentarios o ayudas de otros, puedo ir directamente a la fuente.”

Aquí está la respuesta de Spurgeon a esta objeción:

Encuentro extraño que aquel que piensa tan elevadamente acerca de lo que el Espíritu Santo le enseña, considere tan bajo lo que el mismo Espíritu Santo le enseña a otros también.

En esta cita, Spurgeon nos recuerda que el Espíritu Santo no es exclusivo de usted. El Espíritu Santo es un don colectivo al cuerpo de Cristo, y Él le ha enseñado a otros, y ha usado a otros para enseñarnos. Así que el argumento de Spurgeon llega a esta conclusión: “No sea arrogante, y no piense que usted tiene una isla individual e independiente del Espíritu Santo. No es así.”

Ahora, vamos a ampliar el argumento y a aplicarlo a la Iglesia de hoy y su relación con la historia. Esta es mi paráfrasis del argumento de Spurgeon: “Encuentro extraño que la Iglesia del siglo 21 piense tan alto respecto de lo que el Espíritu Santo ha enseñado hoy en día y que al mismo tiempo menosprecie lo que le ha enseñado a la Iglesia en el primer siglo y en el segundo y en el tercero y en el cuarto y en la Reforma.”

El Espíritu Santo no es sólo para nosotros, ni sólo para nuestra época. Él ha estado a cargo de su Iglesia desde hace 21 siglos. Permítame ponerlo de esta manera: Es orgulloso de nuestra parte pensar que no tenemos nada que aprender del pasado. Y recuerde, el orgullo es pecado. Y también recuerde, como dice la Escritura:” Si caíste, fue porque te enalteciste…”. Necesitamos humildad, humildad para reconocer que no tenemos todas las respuestas, que necesitamos el pasado pero sobre todo que necesitamos al Espíritu Santo.

Adaptado de 5minutesinchurchhistory.com por Dr. Steven Nichols, septiembre 11 2013
Podcast: 5minutesinchurchhistory
Liga Tabernáculo Metropolitano: http://www.metropolitantabernacle.org/Espanol

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