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Semana Santa 2016

Del domingo 20 al 27 de marzo en nuestra Iglesia se llevó a cabo la celebración de la Semana Santa, la más importante para los redimidos, pues es precisamente en donde se recuerda el sacrificio de nuestro Redentor, pagando nuestros pecados en la cruz del Calvario.

Teniendo como Título General “Jesús, El invicto Rey”, el Domingo de Palmas conmemoramos la entrada triunfal de quien como lo mencionaban las profecías, debía entrar en la Santa Ciudad, como Jesús el Rey, Victorioso y Triunfante, basados en el relato según San Marcos capítulo 11 de los versículos 1 al 10. El Presbítero Álvaro Santos Santos nos mencionaba su entrada sentado en un asno, como Rey; la gente emocionada aventaba a sus pies sus mantos y con palmas loaban al Rey de reyes y Señor de señores ¡Hosanna!, aún cuando fuera una mera expresión espontánea, lo cierto es que no lo hicieron verdaderamente convencidos que era su Mesías, pues estaban cegados, sordos y faltos de entendimiento como los profetas mencionaban. De tal manera que los gentiles, ahora Cristianos somos herederos de la gracia por adopción, pues el pueblo elegido, rechaza a su Dios, a su Salvador, no comprendiendo que se trataba de lo espiritual y no de lo material.

Más tarde como relata San Lucas en su capítulo 19 de los versículos 39 al 44, al mismo Rey que entrara a la Ciudad de David, los  fariseos le demandan callara a sus discípulos. Al entrar a la Ciudad se observa cómo son derramadas las Lágrimas de Cristo, por la incredulidad de su propio pueblo, su negación, sobre todo falta de amor y comprensión de las Palabras de vida, además de la inminente destrucción de la Gran Ciudad.

Vemos asimismo cómo Jesús tuvo hambre, como lo relata San Mateo capítulo 21 de los versículos 17 al 27, manifestando la humanidad de nuestro Redentor, mostrando que conoce en carne propia nuestras debilidades y carencias materiales o espirituales, pues fue hecho súbdito a la ley, rebajándose a nuestra condición humana.

Sin embargo, como lo mencionó el Anciano Gobernante Abel Rodea Álvarez, al maldecir a la higuera, se refiere precisamente a nosotros los hijos y siervos del Dios vivo, quienes no damos frutos dignos de la bendición inmerecida con que se nos ha beneficiado, olvidando nuestra misión en este mundo como Lumbreras en medio de la obscuridad.

Cómo se desafía su autoridad en el Templo, como lo explica el Anciano Gobernante Jonathán Rodea Miranda, pues el relato de San Lucas capítulo 20 de los versículos 9 al 40, contextualiza como su propio pueblo le desprecia y mata al heredero, para poder continuar en su error, poniéndose por cabeza de esquina. De la misma manera le preguntan si es lícito o no el Tributo a César, nuestro Maestro explica que realmente debemos cumplir con nuestras obligaciones civiles, él mismo, aún siendo Dios cumple con la ley terrenal, pues los hijos de luz debemos ser ejemplo de los demás, pues nosotros somos el recinto del Espíritu Santo.

De la misma manera el verdadero cristiano debe ser diáfano en su caminar en la Iglesia y el mundo, pues de esta manera testificamos nuestra redención, puesto que en nuestro interior se encuentra el Espíritu, por lo que debemos ser verdadero ejemplo de todo aquel que nos conoce.

El Anciano Gobernante Benjamín Rodea Álvarez nos explica, basado en el relato de San Marcos capítulo 14 de los versículos 1 al 9, la Cena en Bethania ahí vemos como nuestro Salvador se prepara para su martirio y muerte, consciente del sufrimiento y de la dureza del castigo. Además es ungido previo a su Calvario y Sepultura, con un nardo espique valiosísimo, la mujer que lo derrama en él, lo hace agradecida por el perdón de sus pecados y la restauración de su vida, sin duda el valor monetario era grande, aunque el agradecimiento de corazón es la mayor ofrenda. Manifestando que su partida eran inminente y que los redimidos los esperaremos hasta que nos reunamos con él en las nubes, para gozarnos con su presencia eternamente.

Recordamos la Agonía en Gethsemaní basada en San Mateo capítulo 26 de los versículos 17 al 46, el Pastor nos especifica cómo se instituye la Cena del Señor, cómo cumple hasta el último momento la Ley de Moisés, sujeto a los lineamientos que Dios Padre estableció, cumplimiento perfecto de la Ley, para dar paso a la Gracia del Evangelio de la Paz.

Ofreciéndose a sí mismo como el Cordero Pascual, instaurando la comunión futura con pan y vino, representación de su carne martirizada y su sangre derramada para remisión de pecados, para retirarse al Gethsemaní, en donde su agonía es manifiesta en el cuerpo mortal de nuestro Salvador, la traición de uno de los suyos, el abandono de los amigos, la soledad ante el maltrato y la injusticia, aún más loable la completa sujeción a la voluntad de Dios, es cuando en verdad recordamos cuánto nos amó primero, sin ser merecedores de nada, vino a tomar nuestro lugar en esa cruz.

Es pues en la Crucifixión, cuando se hace notorio el amor de nuestro Salvador, la debilidad de nuestra carne ya que aun siendo divino, sintió el dolor, deterioro, aflicción, abandono, soledad y el profundo respeto por la voluntad del Padre, manifestadas en las Siete Palabras que nuestro Salvador menciona, cumpliendo al pie de la letra la Escritura, sin reproche, ni enojo, siempre dando ejemplo.

En esos momentos tan dolorosos, mostrando piedad para el necesitado y el creyente, viendo como aún en el peor de los estados, siendo el peor de los humanos, la gracia de Cristo se hace presente, cambiando a un vil en alguien digno de ser llamado hijo de Dios.
Resucitando como estaba profetizado al tercer día en la gloriosa Mañana de Resurrección, venciendo de manera gloriosa a la muerte, siendo la primicia de los que somos redimidos, mostrando que Dios es inmutable en sus promesas, como lo relata San Mateo en su capítulo 28, siendo las mujeres quienes recibieron las buenas nuevas, así como sus discípulos.

Mostrándose ante sus discípulos como un Jesús Resucitado, como lo relata San Lucas capítulo 24 de los versículos 13 al 34, aun cuando muchos no creían que verdaderamente se cumpliría esa profecía, ni los mismos que con él estaban, mostrando la ligereza con la que vivimos y la incredulidad en nuestros corazones.

Por lo que este Anuncio de Resurrección debe ser manifiesto hasta nuestros días, como lo explica el Anciano Gobernante Jonathán Rodea Miranda, basado en el relato de San Lucas capítulo 24 de los versículos 1 al 12, como las mujeres corrieron a dar las nuevas de salud, pues estaban ciertas de la seguridad de la salvación y la vida eterna en nuestro Salvador Cristo Jesús.

Como cada año, esta semana estuvo llena de agradecimientos, con las participaciones de las organizaciones, gozándonos espiritualmente con nuestros hermanos, el domingo de resurrección el alimento material; los tradicionales tamales, que compartimos en el Salón Social de la Iglesia.

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